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Brexit: Un abandono a los principios de cooperacion

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Si el tan temido GREXIT que implicaba la pérdida de uno de los socios más lastimeros de la Unión Europea (UE) no se produjo, (y no por falta de razones) y hasta trajo consigo ventajas inminentes para unos y otros, en Reino Unido no se han andado con zarandajas. El Brexit es, con un casi 52% de los votos, una realidad. Realidad que marca un viern...

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Dar que hablar, siempre la misma coletilla

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Todo el mundo habla últimamente del anuncio que se ha marcado Ciudadanos de cara a las próximas elecciones. Y nosotros no podíamos ser menos. El spot de C's llega antes que el de los otros partidos, intentando ganar quién sabe qué tiempos o qué espacios en una precampaña que hemos vivido casi desde la constitución misma de las Cortes aho...

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¿Quién vota por el PRI?

Publicado por: Daniel Flores Gaucin

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El GIEI y la procuración de derechos humanos en México

Publicado por: Daniel Flores Gaucin

Hace unos días, relatores de la ONU acusaban una campaña de desacreditación de la labor del Grupo Interdisciplinar de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la vez que exhortaban al gobierno mexicano a "contrarrestar" dicha campaña. A mí me parece claro que cuando estos relatores solicitan la "intervenci...

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Derecha e Izquierda : Conceptos que ya no existen

Publicado por: Daniel Flores Gaucin

Es popularmente sabido que el uso de estos conceptos como posiciones ideológicas antepuestas en política surgió a partir de los lugares que ocuparon los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución Francesa. A la izquierda los que para entonces sería más adecuado llamar "liberales", mientras que a la derecha estarían ubic...

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Últimos artículos de opinión

Brexit: Un abandono a los principios de cooperacion

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Si el tan temido GREXIT que implicaba la pérdida de uno de los socios más lastimeros de la Unión Europea (UE) no se produjo, (y no por falta de razones) y hasta trajo consigo ventajas inminentes para unos y otros, en Reino Unido no se han andado con zarandajas. El Brexit es, con un casi 52% de los votos, una realidad. Realidad que marca un viernes agitado: último día en nuestro país de una campaña que despide el aroma nauseabundo de esas cloacas del estado con las que tan familiarizados están los españoles, que ni por un momento, dejamos de mirarnos el ombligo e interpretar, en clave electoralista (habrá que aprovechar hoy, que todavía se puede) el resultado del referéndum de ayer. Este artículo es diferente. Existen referencias a otros países, además de Reino Unido, pero, oh sorpresa, no a España. Existen referencias a las consecuencias del Brexit, pero no en clave de escaños, sino en dos aspectos esenciales: la inmigración y la cooperación internacional. El artículo se estructura, así, en dos partes. En la primera, analizaremos el peso del discurso anti-inmigración en la definición de este nuevo nacionalismo británico (que como todo lo nuevo, tiene mucho más de viejo que de otra cosa) y en la presentación de un escenario en negativo. En la segunda parte, nos ocuparemos de las consecuencias que esto pudiera tener sobre el desarrollo y la cooperación internacional.

Este discurso de exaltación del nacionalismo británico se ha construido, como todo discurso nacionalista, sobre la diferencia, la definición de un nosotros y un ellos que en el imaginario colectivo británico (como en el del niño Rajoy, ya me perdonaréis pero no he podido evitarlo) se traduce en la identificación de buenos y malos. Buenos: los británicos de pro, los de toda la vida, casi como los cristianos viejos del medievo. Los malos: todos los demás, miembros de la Unión y migrantes en general. Incluyo aquí a los migrantes porque es este el punto que más interesa resaltar: la alta carga xenófoba del discurso del Brexit, apoyado por muchos que rechazan la llegada tanto de refugiados como de “Inmigrantes que vienen a quitarnos el trabajo”. Esta xenofobia aparece ligada, en los últimos años, casi indisolublemente a los espíritus euroescépticos, encarnados por una extrema derecha tan rancia como peligrosa. Extrema derecha que, en pleno apogeo, ha celebrado (véanse las reacciones en redes sociales de la francesa Merine Le Pen, o del holandés Geert Wilders, quienes ya se han lanzado a pedir sendas consultas en sus propios países).

Un nosotros en negativo: la desunión de UK

La campaña Brexit-Bremain ha centrado la actualidad internacional y económica de los últimos días. Sin embargo, la relevancia que cobró después del asesinato de la parlamentaria laborista Jo Cox no ha desempañado en modo alguno la opacidad existente en torno a los discursos y razones que esgrimía cada uno de los bandos contendientes. Más allá de las fronteras (ya no sólo metafóricas) de Reino Unido, los fragmentos del discurso del Brexit que alcanzaba a escuchar el común de los mortales eran casi tan simples como los que bombardeaban a los británicos. Esta simpleza, así como la falta de una propuesta sólida hacia la que encaminarse ahora que se abandona la senda paneuropea, han caracterizado el discurso de los partidarios de abandonar la UE.

La construcción de un discurso en negativo siempre conlleva la identificación de un enemigo, o la generación de un terror que sólo podemos evitar que se convierta en realidad optando por los partidarios de este discurso. Eso es lo que ha ocurrido en Reino Unido. Se ha optado por abandonar una Unión Europea de la cual eran socios privilegiados con la esperanza de escapar a las inclemencias del ciclo económico de la eurozona y con el objetivo de dejar de ser considerado un puerto de entrada a esa misma UE a la que no quieren pertenecer, un destino “soñado” para inmigrantes de todo tipo (no sólo los refugiados migran, también existe la inmigración económica).  De acuerdo con los sondeos publicados al respecto, el sentimiento anti-inmigración ha sido el factor determinante para el triunfo del Brexit. Así, en Reino Unido, esa delegación en el Viejo Continente del “País de las Libertades”; el 55% de los ciudadanos sostiene que, a pesar de  no haber experimentado directamente las consecuencias negativas de la entrada de inmigrantes en el país (consecuencias que sí ha sufrido en sus propias carnes uno de cada cinco británicos) considera que la inmigración es una amenaza real para el país.

Más allá de todos los argumentos objetivos que puedan contraponerse a la creencia de cuán perjudicial es la inmigración, lo cierto es que cuando nos movemos en ese resbaladizo terreno de las convicciones, el riesgo reside en cómo y hacia dónde puedan evolucionar dichas creencias. Más de la mitad de los británicos, que quiere irse de Europa, considera que todo aquel que no sea británico es una potencial amenaza para el bienestar colectivo. Con esto, se suman al preocupante mapa de fanatismo ultraderechista que ensombrece Europa, con cuya imagen termina este epígrafe.

Dar que hablar, siempre la misma coletilla

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Todo el mundo habla últimamente del anuncio que se ha marcado Ciudadanos de cara a las próximas elecciones. Y nosotros no podíamos ser menos.

El spot de C’s llega antes que el de los otros partidos, intentando ganar quién sabe qué tiempos o qué espacios en una precampaña que hemos vivido casi desde la constitución misma de las Cortes ahora disueltas.

Desde el punto de vista del marketing político, son varias las virtudes que se les imputan a las campañas electorales, a saber:

-Un elemento publicitario, de transmisión simplificada de las principales propuestas programáticas de los partidos contendientes;

-Un elemento simbólico, de recuperación de la liturgia, de incitar a la actuación y al “boca a boca” a los convencidos, y de mantenerlos activos hasta el momento en que depositen su voto;

-Convencer a los electores indecisos, ese “core” de individuos que se autodefinen “de centro” y cuyo voto suele ser decisivo, ya que a la vez todas las formaciones y ninguna cuenta con él.

 

El anuncio de Cs, por lo tanto, como todas las acciones de un partido en campaña, debiera encaminarse a perseguir estos objetivos, pese a que, según el CIS, la campaña electoral resulte decisiva y de interés tan sólo para el 36% de los ciudadanos (datos del Centro de Investigaciones Sociológicas disponibles en http://www.cis.es/cis/opencms/ES/index.html sobre las elecciones del 20 de diciembre de 2015). Por lo tanto, más allá de la simpatía que podamos sentir por Albert Rivera y los suyos, el spot, de más de tres minutos (que son muchos minutos y cuestan muchos euros en televisión, en un momento en que se apela a reducir los costes de la campaña, que van más allá del envío de papeletas), será analizado aquí en base a los tres objetivos anteriores prestando atención a tres elementos: guión, símbolos y lenguaje no verbal, y el papel que juega la televisión (el aparato físico del bar) en el anuncio.

-El guión: la conversación de bar, nunca mejor dicho. Una de las primeras cosas que oye un estudiante de políticas es que “la conversación de bar tiene que quedarse en el bar”. Ojo, no es malo. Cualquier conversación sobre política que tengan los ciudadanos es necesaria y democráticamente sana. No obstante, a los “profesionales de esto” se nos pide mayor rigor y juicio. En este sentido, la sucesión de tópicos y coletillas (no he podido resistirme) nada escondidos nos da que pensar que el equipo no se ha tomado muy en serio eso de hacer un vídeo electoral, sino que han pretendido condensar todos sus mensajes de siempre (cambio tranquilo, no somos el PP, ataque a Podemos, esencialmente) en unos pocos segundos, para que no se nos olviden. Ciertamente, se trata de simplificar los temas y de recordárselos al público, pero quizás no de una forma tan banal o tan “con calzador”. Además, las palabras que se emplean (el país se ha caído y se ha levantado) pueden ser utilizadas por cualquiera, y por tanto, identificadas con nada. No es esta la mejor vía para el convencimiento.

-El lenguaje no verbal y el elemento simbólico. El lenguaje no verbal es en sí mismo un símbolo. Ello realza el poder litúrgico que posee la campaña al convertirlo en un símbolo que se nutre de otros. En este vídeo encontramos unos cuantos. Sobre el papel de la mujer, suscribo íntegramente las palabras de Barbijaputa (http://www.eldiario.es/zonacritica/anuncio_ciudadanos-barbijaputa_6_521157897.html). Sobre los hombres, cabe resaltar cómo la edad marca, entre ellos, una jerarquía social tradicional: el anciano, sabio; el hombre de mediana edad, propietario de un pequeño negocio (los que verdaderamente levantan el país, y por eso los freímos a impuestos de los que liberamos a las grandes empresas y las grandes fortunas), con autoridad moral para no cobrar a un parado (¿no hay otro referente más que el anuncio de la lotería de hace dos años en el que inspirarse?) y para criticar al jóven; los dos jóvenes, contrapuestos: uno que pide el poder para la gente (fíajte que entre los perroflautas suelo repetir y escuchar más “el poder para el pueblo”; pero sería quizás demasiado Mayo del 68) mientras devora botellines y aporrea tragaperras (violento, vago, en fin, no lo que debe ser un adalid del cambio); otro, que con fuerza de voluntad y una sonrisa, tiene un curro (probablemente precario, y probablemente el reflejo más fiel de la realidad social en el anuncio). El paro es lo único que queda reflejado. Ni siquiera aparecen en el anuncio las medidas para combatirlo. Migrantes, Cataluña y otros tantos protagonistas de la actualidad quedan opacados.

-El líder, en la tele. Lo que más me llama la atención es la distancia que marca así Albert Rivera con la “gente del bar”. El líder, en casa de todos, sí, pero una cosa es juntos y otra revueltos.

Evidentemente, el anuncio está dando que hablar. Pero, ¿de qué? ¿Sirve realmente a alguno de los fines de la campaña? ¿Se nos habrá olvidado ya el anuncio de Cs cuando otros partidos lancen el suyo? ¿Será objeto de memorables parodias, como otros vídeos que recurrían a las pruebas finales de un conocidísimo concurso televisivo? Eso ya lo veremos. Como seguramente veremos este vídeo (y otros) al menos una vez más.

¿Quién vota por el PRI?

Publicado por: Daniel Flores Gaucin

Contrario a lo que muchas encuestas realizadas por agencias de poca o nula credibilidad (Reforma y Parametría), y contrario a lo que a muchos les gustaría pensar: al PRI no lo votan principalmente los pobres y sin estudios. Este dato es absolutamente engañoso, sobre todo si consideramos que el 55% de los mexicanos se encuentran en situación de pobreza[1] y que el 41.9% de los mayores de 15 años, no ha concluido la educación básica[2].

En realidad, de acuerdo con dos estudios de comportamiento electoral que analizaron las elecciones presidenciales de 2012, es posible concluir con simpleza funesta, que al PRI lo votan todos.

Ambos estudios son de un valor académico de primer nivel. El primero, llamado La geografía electoral de 2012, desarrollado por: Alberto Díaz Cayeros, Edgar Franco, Beatriz Magaloni y Jorge Olarte, es el resultado de una colaboración entre México Evalúa, el Programa de Pobreza y Gobernanza de la Universidad de Stanford y el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego; Y el segundo, El comportamiento electoral mexicano en las elecciones de 2012coordinado por Gustavo Meixueiro y Alejandro Moreno bajo el auspicio del ITAM, cuenta con la colaboración de investigadores de la talla de Mariano Torcal, académico español especialista en comportamiento electoral.

Por supuesto que estos estudios no concluyen que al PRI lo vota la generalidad de la población mexicana, no al menos así, de manera tan determinante. Pero esta es una realidad que resulta evidente dentro de cada segmentación de carácter social bajo la que es analizado el voto. Así pues, de acuerdo con el capítulo primero del segundo estudio, Bases sociales del voto: si en las elecciones presidenciales de 2012, solamente hubieran votado los mexicanos que viven en zonas rurales, habría ganado el PRI; Por otro lado, si sólo hubieran votado los mexicanos que habitan zonas urbanas, habría ganado el PRI. Lo mismo pasa si dividimos al electorado entre católicos que casi nunca asisten a la iglesia, católicos que casi siempre asisten a la iglesia, evangélicos que casi nunca asisten a la iglesia y evangélicos que casi siempre asisten a la iglesia; en los cuatro casos ganaría el PRI. Pero si dividiéramos el país en las zonas: Norte, Occidente, Sureste, Centro y Centro-Occidente; tendríamos como resultado que también habría triunfado el PRI en cada una de estas. Para hacer el cuento corto, los únicos colectivos cuyos votos no habrían dado como ganador a este partido son: las personas en pobreza extrema cuando se encuentran bajo gubernatura panista, los estudiantes, aquellos con nivel de estudios de postgrado y algún subgrupo económico entre los de la clase media-alta y la alta-baja (hay datos contradictorios). Es decir, colectivos que significan porciones ínfimas de la sociedad mexicana. Por lo que está claro que el PRI domina prácticamente todos los sectores de la sociedad y obtiene sus votos de la generalidad de la población. Es tanto su dominio que en 2012, si sólo se hubieran contado los votos por la presidencia, de aquellos que votaron por el PAN tanto en las elecciones municipales como en las gubernamentales, increíblemente, también habría resultado electo Peña Nieto.

Esta situación no es del todo normal. Se esperaría, como apunta el propio Alejandro Díaz, que fueran ciertas divergencias entre sectores sociales como la existente entre población rural y urbana, clases sociales, religión o identidades regionales, entre otras; desde cuyas diferencias fuera posible explicar el voto. Por supuesto que estos factores marcan alguna diferencia, por poner un ejemplo: el PRI recibe un porcentaje de votos mayor entre la población rural que entre la urbana, y este comportamiento, que puede verse a través de los años, es algo que es posible explicar a partir de la teoría sociológica del voto. Lo que no se explica a través de esta perspectiva, es por qué este partido domina en prácticamente todas las esferas de las sociedad.

Hasta aquí, podría parecer que la causa de todo esto es una fuerte identificación partidista por parte de los mexicanos en favor de este partido, sin embargo, como se puede apreciar en los datos del capítulo Las identidades partidistas de los mexicanos y la elección de 2012 de María Fernanda Somuano; no sólo la identificación partidista parece ser mucho más volátil de lo que debería (toda vez que se trata de un factor explicativo de largo plazo), sino que hay una fuerte incremento del apartidismo que no se parece encontrarse relacionado con una disminución en los votos del PRI.

En la siguiente tabla se ilustra como este partido, cuando no se encuentra presente la variable del candidato presidencial, ha mantenido una votación promedio por encima del 35% desde 1997, año desde el que puede decirse que la información al respecto de las votaciones federales es fidedigna. Por otro lado, el PAN y sobre todo el PRD marcan una firme tendencia a la baja, a la vez que el voto a los partidos pequeños crece.
elecciones

Si se analiza detenidamente la línea del PRI, se puede apreciar cómo cuando este partido se encontraba en la oposición (2000-2012), se vio beneficiado por el deterioro de la popularidad del PRD, y no es hasta el 2015, a la mitad de la gestión del presidente Peña Nieto, que este partido ve una disminución en las preferencias y tiene que depender, más que nunca, de su aliado el PVEM para mantenerse por encima del 35% (por sí sólo obtuvo poco más del 29%). Esta situación invita a pensar que fue este partido quién tuvo el mayor beneficio, en cuanto a la obtención de votos se refiere, de su participación como oposición durante los gobiernos panistas. Probablemente debido a que el PRI, no sólo mostró una postura mucho más abierta a la negociación que la del PRD, sino que se mantuvo como un partido sólido y como una alternativa de gobierno viable, en comparación con el PRD, que se vio completamente superado por la cantidad de disputas internas, que han llegado al grado de fraccionar al partido.

Por su parte, el crecimiento del voto a los partidos pequeños surge de manera paralela a la disminución de la popularidad del PAN y del PRD. Posiblemente debido a que ambos partidos, que en algún momento se consolidaron como la alternativa al régimen priísta, no han sido capaces de corresponder las expectativas generadas a su alrededor. Ocasionando que un gran número de votantes se decantasen por otorgar una oportunidad a nuevos actores políticos. Contrario a lo que comúnmente se dice, Morena, partido surgido de una facción perredista, no parece estar consumiendo los votos del PRD, que aparentemente ha empezado a estabilizarse en un mínimo alrededor del 10%. Lo que parece es que la popularidad de Morena obedece al mismo fenómeno que propicia el crecimiento de los votos a los partidos pequeños, pero que éste ha sabido no sólo apropiarse de estos votos de descontento en mucha mayor medida que los otros partidos nuevos o pequeños, sino que al parecer también lo ha estimulado, pues frente al descenso en el voto hacia los tres partidos principales, tanto el conglomerado de partidos más pequeños (o nuevos) como Morena de manera independiente, marcan un claro ascenso.

El PRI ha logrado mantener su hegemonía tradicional, pese a toda su historia y actualidad repletas de abusos y corrupción, y pese a haber instituido una dictadura de partido durante prácticamente 70 años, debido principalmente a las siguientes dos consideraciones:

En primer lugar, a que desde que los partidos de oposición tuvieron la posibilidad de participar en elecciones justas, es decir a partir de la creación del IFE, éstos han desperdiciado todas y cada una de las oportunidades que han tenido de marcar una verdadera diferencia con el viejo régimen, es decir: a la falta de una alternativa política real. En segundo lugar a que el PRI, tras la implementación de las políticas de apertura económica a finales de los años ochenta y tras la escisión del PRD, llega a la democracia como el partido que ocupa el hoy tan apreciado “centro político” que le permite poseer el rasgo de la transversalidad, de desembarazarse de compromisos de carácter ideológico propios del eje izquierda-derecha y hacerse de los votos de quienes priorizan otros aspectos por encima de los de carácter ideológico a la hora de determinar su voto. En el escenario mexicano, estas circunstancias conviven armónicamente en favor del PRI: porque el votante en México suele no tener un arraigo político de carácter ideológico ni sentir una identificación de partido fuerte, lo que hace que los votos de los partidos fácilmente ubicables dentro de la escala ideológica (PAN en la derecha y PRD o Morena en la izquierda) sean altamente volátiles, situación que explica además, que los votantes tradicionales tanto del PAN como del PRD respectivamente, cuando no votan por estos partidos, suelen decantarse por el PRI, ubicado en el centro o por cualquier otra opción entre los partidos “secundarios”, antes de trasladarse hasta el otro extremo de la escala ideológica y votar por aquel partido que aparece como lo contrario al de sus preferencias.

El hegemónico Partido Revolucionario Institucional ha logrado desvirtuar el conflicto PRI/anti-PRI acaecido en 2000 bajo la popularidad que entonces había alcanzado la figura de Vicente Fox. Donde antes se beneficiaba de los frutos de la falta de alternancia y competencia política, pues bajo el régimen príista esto se encontraba vedado; ahora se alimenta justamente, de las deficiencias a la hora de gobernar por parte de los otrora partidos de alternancia: PAN y PRD, así como de los restos que han quedado esparcidos tras la ríspida confrontación existente entre ellos, que han antepuesto sus diferencias a la voluntad por lograr el cambio de régimen con el que tantos soñaron en el 2000.

A dos años de las siguientes elecciones presidenciales, estas ya acaparan la atención de la opinión pública, pero a pesar de que todos los que se dedican a cuantificar votos estarán en desacuerdo conmigo, creo que intentar hacer una previsión de su resultado o siquiera atreverse a marcar alguna tendencia fuerte de cara a su celebración, a esta enorme distancia, me parecería un error. Si el voto a los partidos depende principalmente de rasgos o arraigos de largo plazo, y los cambios en las preferencias se dan de manera paulatina; las elecciones presidenciales son todo lo contrario: son demasiado contingentes, las preferencias giran alrededor de la imagen de los candidatos y de los temas de actualidad, en ellas, los partidos pasan a segundo plano y el llamado voto duro apenas llega a representar una fracción de la votación final. Lo que es un hecho es que con la llegada de Morena y la apertura a las candidaturas independientes, se crea una diversificación de las opciones que necesariamente le da una ventaja al PRI; que como partido mantendrá su fuerte hegemonía en tanto no surja alguna otra fuerza política que sea capaz de disputarle el centro político o la dimensión PRI/antiPRI vuelva a adquirir densidad.

 

 

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[1] Conveal

[2] Inegi

El GIEI y la procuración de derechos humanos en México

Publicado por: Daniel Flores Gaucin

Hace unos días, relatores de la ONU acusaban una campaña de desacreditación de la labor del Grupo Interdisciplinar de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la vez que exhortaban al gobierno mexicano a “contrarrestar” dicha campaña. A mí me parece claro que cuando estos relatores solicitan la “intervención del gobierno” en asuntos de opinión pública, lo que en realidad están diciendo al gobierno mexicano es que cese la campaña que de hecho ha orquestado este en contra del GIEI. Campaña que además resulta evidente, pues se ha hecho desde el frente más arraigado y en tiempos modernos, quizá el más efectivo que tiene el gobierno mexicano de hacer política: el de la manipulación de la opinión pública. Líderes de opinión, pseudoperiodistas a sueldo como López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Pablo Hiriart, Pedro Ferriz y otros menos relevantes, han explotado los canales de comunicación de los que disponen para lanzar severos y penosos ataques en contra del GIEI, los cuales básicamente giran alrededor de la acusación en contra del grupo de perseguir intereses políticos y económicos, echando por tierra, sin la menor reticencia, la trayectoria de estos cinco latinoamericanos expertos en derechos humanos.

Pero antes de continuar, cabe hacerse la pregunta: ¿se tiene claro cuál era la función del GIEI y por qué se formó? El GIEI se convoca como respuesta a una petición formal del Estado mexicano a la CIDH de recibir asistencia técnica “desde la perspectiva de los derechos humanos” en la investigación de los desaparecidos los días 26 y 27 de septiembre de 2015, es decir, de lo sucedido en Iguala. Esta asistencia habría de conducirse a través de las siguientes actividades:

1. Elaborar planes de búsqueda en vida de las personas desaparecidas.
2. Análisis técnico de las líneas de investigación.
3. Análisis técnico de la atención a víctimas y sus familiares.
4. Recomendación de políticas públicas frente a la desaparición forzada.

Hay un acuerdo de partes firmado en relación con esta solicitud formal: de un lado la CIDH cuyo interés radica principalmente en la realización de estas cuatro tareas, que buscan constituirse en una suerte de saneamiento de las investigaciones, de soporte a las víctimas y de prevención de futuras violaciones a los derechos humanos. De otro lado, se encuentra el Estado mexicano, en cuyo accionar buscaba redimirse de alguna manera ante el enorme desprestigio e impopularidad que atravesaba el gobierno federal por aquellos meses, ello por supuesto; debido a la atribución de responsabilidad que de manera acertada recaía sobre él. Y finalmente, los padres de los desaparecidos, que veían con buenos ojos la firma de este convenio, pues les ofrecía el apoyo de un grupo internacional de derechos humanos el cual poder confiar. Así pues, como en todo acuerdo, había una clara pretensión de beneficio para cada una de las partes. El hecho de que el gobierno continuara con la búsqueda de los desaparecidos, bajo la supervisión del GIEI constituía entonces, el núcleo del pacto.

Desde el principio, cuando surgieron las ya bien conocidas discrepancias entre la famosa verdad histórica de Murillo Karam y su PGR con el primer informe del GIEI, el acento se puso sobre la posibilidad de que los estudiantes siguieran con vida. Y esta posibilidad habría de marcar fatalmente el resto de la investigación. Resulta evidente que la asociación de los padres de los 43, depositara sus esperanzas en esta posibilidad, pero lo cierto es que la supervivencia de los estudiantes también habría favorecido al gobierno mexicano. Está claro: es mucho peor ser directamente responsable por la muerte de 43 estudiantes que por su desaparición.
¿Por qué el gobierno mentiría acerca de un hecho que no le resultaba beneficioso? es algo que aparentemente nadie se preguntó dentro del GIEI, y este grupo, que en principio tendría que haber tenido una postura neutral alrededor de esta posibilidad, adoptó una posición que dejaba entrever cierta expectativa de carácter moral de que efectivamente los estudiantes se encontraran con vida. Es cierto que de acuerdo con sus tareas y objetivos, la puesta en duda de las investigaciones realizadas por el gobierno y el hecho de que se ordenaran las pruebas periciales necesarias para esclarecer esta situación, constituía el accionar más lógico. No obstante, quizá por la cercanía del grupo con los familiares de los desaparecidos, el GIEI, hizo de este tema el foco de su atención, el núcleo de la cuestión.

Determinar si los estudiantes fueron asesinados y sus cuerpos calcinados en el basurero de Cocula es algo muy difícil de alcanzar. Los grupos periciales y forenses no pueden concluir de manera categórica y concreta hacia ningún sentido, ellos solamente pueden aspirar a esclarecer la presencia o no de elementos que después pudieran servir para fortalecer alguna presunción. Es decir: que el hecho de que se haya certificado que no había restos físicos de los estudiantes en el basurero y el hecho de que se haya certificado (aunque después esta determinación fuese superada por otra en sentido contrario) que no hubo, en el basurero de Cocula, un incendio lo suficientemente grande como para calcinar los cuerpos de los estudiantes; no significa necesariamente que los estudiantes sigan con vida, en todo caso, que probablemente no hayan sido calcinados en ese preciso lugar. El hecho de que las pruebas periciales tampoco pudieran confirmar el asesinato de los estudiantes, obligaba por supuesto, a que tanto el GIEI como la asociación de padres y sobre todo el gobierno, continuaran con la labor de búsqueda de los todavía desaparecidos. Sin embargo, esto no explica que el grupo de expertos haya hecho de este debate una cuestión de carácter político.

En lo que a mí respecta, los estudiantes están muertos. Este es mi criterio desde el día que me enteré de los acontecimientos. No concibo la posibilidad de que los policías municipales entregasen al crimen organizado los estudiantes detenidos sólo para que estos los escondieran por un tiempo. No lo concibo sobre todo ahora que se ha confirmado la muerte de cuatro normalistas. ¿Por qué un grupo de criminales asesinaría a cuatro estudiantes y escondería al resto? Una presunción como esta nunca será suficiente razón para cesar la búsqueda de desaparecidos pero, al menos debió haber servido para que el GIEI se concentrarse en no descuidar el resto de sus actividades.

Nadie en su sano juicio —sin una retribución de por medio— descalificaría a un grupo de emisarios de derechos humanos. La ecuación en este sentido es muy sencilla: todo gobierno que viole los derechos humanos de los ciudadanos que debe proteger, tenderá a invalidar el criterio o la imparcialidad de organismos como la CIDH, es por eso que aunque este tipo de proyectos se encuentren financiados con los impuestos que pagan los mexicanos, ni siquiera estos están en posición de invalidar o evaluar formalmente a los evaluadores. No obstante, quiero pensar que ya habrá tiempo para que el GIEI se dedique a rendir cuentas ante la CIDH por una campaña muy mal desarrollada que culminó fatalmente en un fracaso rotundo.

Y es que basta atender a cada una de sus cuatro principales actividades para dar cuenta del output terrible de este episodio político de los derechos humanos en México. Los puntos 1 y 2: “elaborar planes de búsqueda en vida de las personas desaparecidas” y “Análisis técnico de las líneas de investigación” respectivamente, estuvieron focalizados en el supuesto incendio del basurero de Cocula. A pesar de que a raíz del rompimiento del GIEI con la PGR, los primeros denunciaran que los medios estaban concentrando toda la atención en ese aspecto de la investigación, lo cierto es que fueron ellos mismos quienes mayormente contribuyeron a que así fuera desde el comienzo.

El punto 3: Análisis técnico de la atención a víctimas y sus familiares. Es quizá el que ha tenido los resultados más penosos para los derechos humanos. Los familiares, se han conformado en una suerte de movimiento social que en lugar de tener por causa la denuncia internacional de que en México se vive bajo la desgracia de tener un Estado fallido, corrupto y negligente, que hace de la sistemática violación de derechos humanos su modus operandi, tanto por comisión como por omisión y de paso exigir la renuncia de Osorio Chong; se han obcecado en exigirle al gobierno federal que milagrosamente aparezca a los normalistas. Ahora Padres de los 43, representa una valiosa presa para todos los grupos criminales interesados en manipularlos: narcotraficantes, sindicatos, partidos políticos y gobierno.

El punto 4 apela al insoslayable agujero negro de la burocracia mexicana, primero para la promulgación de la Ley General de Desaparición Forzada y luego, lo más difícil: su correcta aplicación.

El output final de este tema, no beneficia al GIEI dado su mal desempeño y pésima gestión de la situación; no beneficia a los familiares de las víctimas, que continúan persiguiendo un objetivo absurdo y por lo visto, pudieran encontrarse ya al servicio de alguna fuerza interesada; ni mucho menos beneficia a los mexicanos, que siguen viendo vulnerados sus derechos humanos por un gobierno que lo mismo se esconde tras una simulación vil de solemnidad e institucionalismo (Enrique Peña Nieto en cada declaración que hace o las disculpas de Cienfuegos Zepeda), que muestra su cara más asquerosamente cínica (Roberto Campa y todo lo que ese hombre implica y representa o la actitud confrontativa de Murillo Karam). El único beneficiado de todo esto es el gobierno de Peña Nieto, que pese a ser responsable como órgano de autoridad que se supone es, de la matanza de 43 estudiantes, ha logrado salir bien librado del tema debido a que al final se ha resuelto que todo el tiempo tuvo razón la PGR: que sí quemaron al menos a 17 en Cocula, y a que a estas alturas en México, eso es lo único que importa: que el gobierno tenía razón.

Atrapadas por la conmemoración: la trampa del 8 de marzo

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Existen muchas teorías respecto de cuál es el origen del día de la mujer trabajadora. La más aceptada, es que el 8 de marzo conmemoramos la muerte, causada por sus patrones, de 148 obreras de una fábrica textil en Estados Unidos, en la cual fueron encerradas como reacción a la protesta que las jóvenes (pues se conoce que la gran mayoría de ellas eran apenas adolescentes, y de origen inmigrante) habían protagonizado, ante sus penosas condiciones de trabajo.

Curioso que, ante un suceso sangriento, la reacción no fuera la inmediata reforma de la legislación en materia de derechos laborales, que se produjo paulatinamente, y, es obligado decirlo, en buena medida por la reacción de la opinión pública; sino, simplemente, el establecimiento del duelo como homenaje. Aun cuando no debemos subestimar el poder de los símbolos, y en política menos que en ningún otro escenario, cabe preguntarse, ¿hasta qué punto no seguimos encerradas en aquellos bancos que ardieron, cobrándose la vida de quienes sólo reclamaban lo que hoy nos parece, antes que justo, casi de perogrullo?

La diferenciación entre hombres y mujeres sigue impregnando nuestros comportamientos cotidianos, en los que tristemente se continúa padeciendo una subordinación, una discriminación por razón de características biológicas que no nos determinan más de lo que lo hacen el lugar o el tiempo en el que hayamos nacido.

Hace unos días, dos jóvenes argentinas fueron asesinadas en Ecuador, quién sabe por qué (quizás por tratar de defenderse ante un robo o una agresión sexual, en fin, ante un ataque injustificado). La reacción de la prensa y las autoridades locales fue culpabilizar a las víctimas, por tener la osadía de haber viajado solas (¿acaso no eran suficiente compañía la una para la otra?).  La pasada semana, una juez (mujer) reprochaba a otra, que había sido violada, no haber hecho la suficiente fuerza como para mantener las piernas cerradas. Diariamente, en cualquier reunión de trabajo, la mujer debe asumir que su espacio vital, su lebensraum, será invadido por cualquier hombre, que para saludarla, la aferre por los hombros y la atraiga hacia sí, plantándole dos sonoros besos y rechazando su mano tendida. Esta misma mañana, cualquier dependienta, habrá sido interpelada a la voz de “cielo”, “cariño”, o “guapa”; mientras que los dependientes, o “responsables de tienda”, lo que nosotras nunca somos, responderán ante un cortés “disculpe, caballero”. Hasta el ayuntamiento de Valencia, en su afán por felicitar a la mujer (¿?) por ser trabajadora (nuevamente, ¿? ¿?) ha perpetuado el terrible tópico de identificar a la mujer con una delicada y delgada figura con falditas.

El día internacional de la mujer trabajadora nos distrae de muchas cosas. De que la mujer, si quiere ser trabajadora, tiene que dejar de ser “otras cosas”, tiene que renunciar a la tranquilidad de compaginar su vida laboral con la privada, o asumir que, en caso de ansiar ambos papeles, renunciará a todo lo que huela a descanso. El día de la mujer trabajadora nos distrae de lo que aún queda por hacer, pues, celebrando una victoria con tanto ahínco, parece que ya todo estuviera hecho. Nos distrae de los micromachismos hediondos que invaden nuestra sociedad. Nos distrae, en fin, de que el hombre trabajador no tiene un día, porque el hombre trabajador es una redundancia, es un lugar común, una normalización que a nosotras se nos arrebata en una pretendida discriminación positiva.

Y pese a todo, y quizás por ese tópico del carácter español de que cualquier excusa es buena para irse de fiesta, merece la pena celebrar el día de la mujer trabajadora, pero sólo de un modo: trabajando para que un día, la mujer trabajadora, emancipada, igual, libre de acosos socialmente respaldados. El día en que ser mujer no sea sinónimo de poder ser asesinada, violada, incomodada, impunemente, por pretender recibir el mismo tratamiento que cualquier “macho”.Trabajando para que la realización de la mujer en todas las esferas de su vida sea una realidad normalizada, una redundancia, que haga absurdo que vuelva a escribir un post como este.  Celebrar sólo con un fin: el de no necesitar nunca más el 8 de marzo.

¿Investidos o no? A vueltas con la representación

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Muchas son las noticias que se están publicando últimamente acerca de las consecuencias que, para cada uno de nuestros partidos políticos, podría tener una eventual repetición de las elecciones, si finalmente fuera imposible lograr algún acuerdo de investidura.

Sin embargo, tomados en conjunto, como vehículo de representación de las preferencias de la ciudadanía, los partidos podrían llegar a afrontar similares efectos si nos conducen nuevamente a las urnas.

No son pocos quienes hablan de segunda transición, de nuevos pactos fundacionales. Pero hasta el momento los pactos brillan por su ausencia.  Los pactos, los acuerdos, el diálogo, nuevas formas en oposición al gobierno por decretazo que habíamos experimentado en los últimos años, era uno de los principales mandatos de la ciudadanía. Una preferencia que todos y cada uno de los partidos presentes en el Congreso, sobre todo, Ciudadanos, Podemos, PP y PSOE llevaban al hemiciclo. Y que, no facilitando una investidura, podrían estar incumpliendo.

De acuerdo con Hanna Pitkin, la representación es una relación establecida entre el representante y el representado que tiene lugar en el contexto de un gobierno representativo, esto es, en el cual la representación es producida a través de la partcipación; o lo que es lo mismo: en un gobierno democrático. Además de relacional, la representación es, para Pitkin, un concepto multidimensional, compuesto por un elemento símbólico, que entronca con la legitimidad;de identificación, o capacidad del representado de verse reflejado en su representante, compartiendo con él ciertas características (sociodemográficas, fundamentalmente); y un elemento de mandato (transmisión de preferencia) y otro de control (rendición de cuentas) que se funden en el acto de votar. Un elemento adicional es la responsividad, entendida como la capacidad de los representantes de reaccionar ante las preferencias de los ciudadanos, de escucharlas y tenerlas en cuenta, y ajustar su actuación a ellas.

Para que se produzca la renovación democrática, para llevar a cabo una verdadera segunda transición, es preciso prestar atención a todas y cada una de las dimensiones de la representación, pues,  de otra manera, el concepto en sí mismo se desvirtúa.  De producirse unos nuevos comicios, más allá de las escasas garantías a un desbloqueo del reparto de fuerzas actual, se estaría desoyendo la preferencia de los españoles de intentar conseguir, por todos los caminos, un nuevo pacto, un acuerdo, un gobierno, antes que concurrir de nuevo a las urnas, lo que el 61% de los españoles querría evitar. Se corre el riesgo de que, convocando nuevos comicios, se esté vulnerando la responsibidad, e incumpliendo el mandato.

Sin perjuicio de que podamos preferir unos acuerdos u otros, con este post queremos llamar la atención sobre la fragilidad de la representación, y la necesidad de prestar atención a todas sus vertientes, para culminar con esa regeneración democrática hacia la que nos encaminamos.

Pedro, de un lado a otro

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Mirando a la izquierda y a la derecha, Pedro Sánchez ha presentado esta tarde su discurso de investidura, esperando que mañana se escenifique su definitiva aprobación como Presidente del Gobierno.

Muchas son las peculiaridades que presenta este pacto. La primera de ellas, y ya manida, el acuerdo entre dos formaciones políticas pertenecientes a distintos espectros del eje ideológico, lo cual se explica por la centralidad pretendida de Ciudadanos, el nuevo partido bisagra del sistema español. Otra de las grandes particularidades de la investidura que se pretende lograr mañana es, precisamente, la escenificación del discurso del candidato en un día distinto al de las réplicas y reacciones, que no se han hecho esperar.

En este post analizaremos únicamente el discurso del candidato, ocupándonos mañana de las réplicas, que, no obstante, apuntan en la dirección de la no investidura que contemplamos en nuestra entrada anterior.

Cabe deducir tres grandes líneas del discurso de Sánchez. En primer lugar, que entiende su investidura más que como un mensaje de apoyo a sí mismo, como un plebiscito para Rajoy, de quien ha sostenido que “es imposible pactar con él”, y que “debemos abandonar sus políticas y las del Partido Popular” y “sostener, frente a los indiscriminados recortes (…) nuestro Estado de Bienestar. Por otra, que para Sánchez, es momento de “mestizaje ideológico” dada la imposibilidad (aritméticamente más probable de hecho que el pacto con que Sánchez nos sorprendió la pasada semana) “de un gobierno de izquierdas” para el que “no hay mayoría”. Resulta chocante que el candidato del PSOE, además, haya abanderado la idea de “gobierno del cambio”, que todos asociamos con la dialéctica de Podemos, para respaldar el pacto con los de Rivera. Por último, la ambigüedad demostrada puede llevarnos a sospechar que, en contra de lo que Sánchez se ha empeñado en afirmar una y otra vez, no tiene nada claro el resultado de la votación de mañana ni quién será el socio que finalmente le lleve (si es que llega) a la Moncloa. Pues, aunque Sánchez entiende que no resultar investido contraviene el mandato de la ciudadanía, a estas alturas y con esta fragmentación, resulta difícil de determinar qué mandato es ese. Máxime, si se nos permite, cuando pasa por algo tan inopinado como el “mestizaje ideológico”. Y entre esta ambigüedad destacan las pullas lanzadas a Podemos, como “es evidente que no podemos exigir a todas las fuerzas del cambio que apoyen esta investidura (…) como tampoco podemos permitir que fuerzas con representación aún menor exijan que se cumpla el suyo (programa) exclusivamente”. El problema de Pedro Sánchez pude venir, precisamente, de que las fuerzas del cambio, y no sólo las que lucen coleta, se opongan (no se abstengan) a su investidura.

Entre las reclamas fundamentales de Pedro Sánchez han destacado las esperadas críticas a la corrupción y los recortes, y la gran ausencia, la del compromiso de supresión de las diputaciones provinciales. Puede considerarse además que Pedro Sánchez no ha sabido identificar al público al que se dirigía con este discurso, que parecía antes pensado para su militancia y votantes que para convencer a sus señorías (entre las que por ahora no parece haber tenido mucho éxito) de que mañana voten sí, o al menos, no voten no.

En verdad, pocas sorpresas se han dado, al menos, con respecto a mis expectativas, en el discurso de hoy. Como dijimos, más que matemáticas, Sánchez tendrá que hacer magia para que le salgan las cuentas y ser investido, al menos mañana, cuando la sesión tendrá más injundia.

Para todos los que no hayáis visto a Pedro Sánchez y queráis acvceder al contenido de su discurso, dejamos el enlace  http://www.eldiario.es/politica/DOCUMENTO-discurso-investidura-Pedro-Sanchez_0_489951744.html

Los dilemas de la democracia española

El miércoles 2 de marzo está previsto que se celebre el primer intento de investidura de un candidato tras las pasadas elecciones. Pedro Sánchez llevará a cabo una intentona de conseguir la confianza del Congreso de los Diputados que se antoja complicada —por no decir casi imposible—. En esta primera tanda, Pedro Sánchez contará con dos oportunidades: una primera votación el miércoles, —en la que debería obtener un apoyo de 176 diputados—, y una segunda en la que bastaría una mayoría simple a favor.

¿Cuál es el problema? El Partido Socialista ha conseguido el apoyo de Ciudadanos, y juntan 130 escaños en total. Insuficiente para alcanzar en primera instancia la relación fiduciaria necesaria. Y la segunda votación (que se produciría 48 horas después), requeriría la abstención de Podemos o del Partido Popular; hablando en términos aritméticos.

Dadas las circunstancias, tanto Podemos como el Partido Popular están en situación de forzar la situación y ejercer “blackmailing” político. También otras fuerzas tendrían capacidad para hacerse valer en según qué escenarios.

Los votos en contra de PP y Podemos tienen capacidad para tumbar cualquier posible investidura de Pedro Sánchez. ¿Qué implica esto? Necesidad de alcanzar acuerdo… o asumir que habrá que ir de nuevo a elecciones.

Además, PSOE-C’s no pueden aspirar a conquistar los apoyos de los partidos nacionalistas (los partidos nacionalistas catalanes principalmente), pero es que aunque lo hicieran… la matemática tampoco les llegaría.

Una vez se lleve a cabo el primer intento de investidura, el reloj comenzará a correr: dos meses de plazo (artículo 99). Y se lanzarán nuevas intentonas de investidura. Si se suman escaños, ocurra lo que ocurra, Ciudadanos más Partido Popular, o Ciudadanos más PSOE no es una combinación suficiente, se necesitaría alcanzar acuerdo con fuerzas con mayor potencial.

En definitiva:

  • La aritmética de bloqueo impide que PSOE y Ciudadanos logren la investidura sin que Podemos o PP se abstengan o se impliquen a favor.
  • Todavía hay margen para negociar. No se puede descartar del todo otras posibilidades en las que finalmente se alcance un acuerdo para facilitar la investidura de un gobierno sin necesidad de repetir elecciones.
  • Cualquier negociación en la situación actual será complicada.
  • A la hora de analizar cómo evolucionaría la situación ante unas nuevas elecciones, los partidos políticos harían bien en estimar hasta qué punto su situación mejoraría como para cambiar la actual aritmética de bloqueo (si no varía significativamente, dará igual la repetición de elecciones: la situación será la misma).
  • El chantaje político forma parte del sistema, forma parte de cualquier negociación. En la legislatura que se avecina habrá que pactar en ocasiones incluso con la oposición, y no será descartable que se lleven a cabo cuestiones de confianza y mociones de censura.

Por lo tanto, y como puede comprobarse en los puntos inmediatamente anteriores, las probabilidades juegan en contra de Pedro Sánchez y de una eventual formación de gobierno y pacto de legislatura, que estaría sometido a cuestiones de confianza, y quién sabe si no incluso a la propuesta de moción de censura. La actual fragmentación del escenario político español nos lleva  a pensar que, la legislatura que se avecina, comience cuando comience, será movidita.

El progresismo de Francisco I : La ruina de la Iglesia Católica

Publicado por: Daniel Flores Gaucin

Si el diezmo fuera algo vigente en nuestros días, y cada católico del mundo destinara un 10% del total del dinero que produce a las (ya de por sí rebosantes) arcas de la Iglesia Católica, ésta tendría en Estados Unidos, la mayor fuente de sus ingresos. Dato un tanto raro si tomamos en cuenta que sólo el 20% de los estadounidenses es católico, pero no tanto si recordamos que el índice de producción de ese país es una ficción que se permite mantener al ser el núcleo del capitalismo moderno. En segundo lugar sus mayores ingresos los encontraría en la misma Italia. Francia, Brasil, Alemania, México y España respectivamente, serían los otros grandes contribuyentes de la Iglesia, tal como se detalla en la siguiente tabla:

País GDP*[1] Católicos[2] Diezmo estimado*
Estados Unidos $17,348,075 20% $346,961.50
Italia $2,147,744 83% $178,262.75
Francia $2,833,687 54% $153,019.10
Brasil $2,346,583 60% $140,794.98
Alemania $3,874,437 29% $112,358.67
México $1,291,062 81% $104,576.02
España $1,406,538 70% $98,457.66

*Monto estimado anual en millones de dólares.

Estos siete países son los únicos dentro del top 20 de los más potentes económicamente hablando, que cuentan con un porcentaje de católicos que sea lo suficientemente grande como para que su aportación sea significativa. Contrario a lo que popularmente se cree, el principal problema de la Iglesia no son los aberrantes y comprobados escándalos de abuso sexual en contra de menores de edad. Esto quizá tenga que ver, pero en realidad la caída de la iglesia católica se encuentra en los datos, pues como es bien sabido: las violaciones y el abuso sexual en contra de menores por sí mismas, son actos muy bien aceptados y practicados por la Iglesia Católica desde años inmemoriales. En todo caso el problema podría radicar en lo que su publicación pudiera tener como consecuencia.

Cada año el catolicismo pierde presencia en estos países: En Estados Unidos entre 2007 y 2014 disminuyó en un 3.1%[3], en México 4.1% entre 2005 y 2010[4] o en España 10.4% entre 2001 y 2011[5]. Si somos optimistas y estimamos que esta disminución será una tendencia constante y no degenerará en exponencial, es fácil coincidir que en 50 años la Iglesia estará arruinada. Si bien es cierto es que el catolicismo se está expandiendo considerablemente en países del centro de África, el impacto económico de este crecimiento del catolicismo es ínfimo. Por ejemplificarlo: aun cuando toda la población de la República Democrática del Congo fuera católica, les tomaría 30 años de diezmo lograr equipararse con la aportación que hoy hace México en sólo un año.

De acuerdo con estos datos, la erosión de la Iglesia Católica no se debe a una disminución de parroquianos, sino al tipo de fieles que está perdiendo. El Vaticano, tal como lo conocemos ahora, es inviable sin el apoyo de la población europea y no parece que pueda evitar esta caída. Si nos detenemos un momento a observar cómo los dictados morales del catolicismo se han vuelto retrógradas y su ideología eclesiástica, con su determinismo de iusnaturalismo divino y su estructura corporativista, jerarquizada, corrupta e incluso machista; se han vuelto obsoletos en cada una de las áreas del conocimiento humano, no es de extrañar que esté sucediendo esto.

Temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto, tan condenados por la Iglesia Católica, son cada vez más comunes dentro de las legislaciones de los países occidentales, en los que impera una evidente tendencia progresista (en términos morales). Hace menos de un año el Tribunal Supremo de los Estados Unidos legalizaba el matrimonio entre personas del mismo sexo en uno de los bastiones más duros del conservadurismo moral de occidente. Por su parte, hace unos días Mario Bergoglio en respuesta a una pregunta acerca de la amenaza del virus del zika, le recordaba al mundo que el uso del condón se encuentra proscrito.

El progresismo de Francisco I sólo puede entenderse desde dos claves: la de su sus formas y la de su contexto. En cuanto a las formas: Este es un Papa mediático, casi se podría decir populista. A sabiendas que hacia el interior del Vaticano su poder es muy limitado, ha sabido explotar muy bien todo el que tiene hacia afuera, como jefe de Estado, como personaje espiritual y celebridad. Es abierto, habla, señala, condena, es sencillo, tiene un punto de vista y una postura sobre la mayoría de las cosas que se le cuestionan, casi se puede hablar que de una ideología. Sin embargo, cuando se trata de cambios reales dentro de la institución, del fin del celibato, la persecución de los sacerdotes pedófilos u otros temas de carácter canónico, Francisco I parece bastante gris.

En cuanto a su contexto: No se puede esperar que la Iglesia Católica progrese al ritmo que lo hacen los tiempos modernos, simplemente porque como institución se ha convertido en una efigie de otra época. Como una locomotora oxidada y desprovista de rieles que la lleven a ninguna parte, se mantiene encerrada sobre sí misma, con toda su inconmensurabilidad y misticismo, pero ajena completamente a lo que sucede su alrededor. En síntesis, no puede progresar demasiado, va en contra de su esencia, pues la católica, en toda su monstruosidad, se encuentra cimentada sobre las bases más rígidas y duras que los hombres pudieron encontrar a la hora de apostar por la eternidad.

Ojalá lo de la iglesia católica pudiera traducirse en un logro para la humanidad, pero lamentablemente no estamos ante una disminución de la religiosidad, sino ante una importante apertura de los individuos hacia una mayor diversidad religiosa. Buscan abrazar religiones que les ofrezcan alternativas a las atrocidades y errores de la vida y sociedades modernas, que sean vías a una forma de convivencia más comunitarista e integradas a una realidad mucho más palpable. El problema es que la gran mayoría de estas religiones dejarían a la Iglesia Católica a la punta de la vanguardia. Es por ello que no cierro este artículo comentando que el último mártir del catolicismo será la iglesia misma, no porque no sea así. Sino porque en el panorama actual será la humanidad la que ha de sufrir ese calvario.

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[1] International Monetary Fund

[2] Wikipedia

[3] Pew

[4] Inegi

[5] El País

El inoportuno reclamo del señor Cayo

El pasado 6 de febrero, Cayo Lara propuso —en unos términos que sonaban a exigencia—, que tres diputados vinculados a las confluencias gallega y catalana abandonaran el grupo de Podemos y se reintegrasen en Izquierda Unida con vistas a que el partido pudiera formar grupo propio, situación de la cual se derivarían dos tipos de beneficio: simbólico —presencia, poder, capacidad—, y económico.

Ante la circunstancia, Alberto Garzón reaccionó moderando la propuesta del Coordinador Federal. Días después, los órganos del partido también lo corrigen y “obligan” a retractarse.

¿Por qué se da esta circunstancia?

La propuesta de Cayo Lara no es más que la explicitación de lo que algunos piensan, —ó pensamos—, ¿por qué los diputados de Podemos, que la formación ha conseguido a través de las confluencias no son prestados a IU para la formación de un grupo propio? Y sin embargo, la cuestión no es esa, sino las formas bajo las cuales el Coordinador Federal de Izquierda Unida ha planteado que se produzca dicho “préstamo”. Para empezar, los tres diputados que Lara reclama han resultado elegidos como miembros de una lista de confluencia, siendo difícil de determinar hasta qué punto deben su lealtad a IU, —la formación originaria—, a Podemos, aquélla que lidera la coalición electoral al amparo de la cual fueron elegidos, o al carácter unitario mismo derivado de la idea de confluencia (amén de, en última instancia, y aunque parezca de Perogrullo, al ciudadano).

El hecho de proponer, como hizo Lara, el abandono unilateral del grupo parlamentario morado, por parte de los tres diputados, evidencia un amago de ruptura entre IU y Podemos que poco conviene a los intereses de Garzón, quien por ello ha mediado y planteado, en el peor de los casos, una solución dialogada.

Una maltrecha Izquierda Unida, azotada por diversos problemas de considerable envergadura (crisis de identidad, pérdida de ingresos económicos derivados de la imposibilidad de formar grupo con tan solo dos diputados), se ha de sumar el desgaste electoral producido el 20-D, mayoritariamente a favor de Podemos. Y esta es quizá la cuestión más acuciante, ues aún no podemos descartar la posibilidad de que los españoles seamos llamados nuevamente a las urnas. Y los partidos lo saben. Tanto, que sus estrategias actuales (pactos, declaraciones, etc.), se orientan también hacia el eventual escenario.

Por todo ello, la pregunta central en el artículo no es otra que: ¿Por qué le conviene a IU buscar unas buenas relaciones con Podemos?

La responderemos presentando diferentes argumentos, que ilustran lo ventajoso que resulta para IU asirse al madero que Podemos les ofrece si no quieren hundirse definitivamente en las páginas de los libros de la evolución histórica del sistema electoral español.

  • Argumento estratégico-electoral.

Izquierda Unida tiene base electoral, posee casi un millón de votos —y no es una cifra despreciable—. Los efectos del sistema electoral han perjudicado claramente a IU en el reparto. La estrategia de las confluencias en cambio, ha demostrado ser eficaz para traducir votos en escaños concentrando el voto de izquierda en una lista. La unilateralidad con Podemos llevaría quizá a una mayor dificultad para volver a repetir la misma fórmula en unas hipotéticas futuras elecciones anticipadas.

 

  • Argumento aritmético en base a una posible volatilidad electoral:

Este argumento entronca profundamente con el anterior, ya que en ambos casos, tenemos en cuenta la mayor eficacia de las confluencias, para la traducción de los votos en escaños; así como el menor coste relativo de cada diputado en términos de votos para los partidos con los que, principalmente, IU compite en el espectro de la izquierda: Podemos y el PSOE.

La volatilidad electoral, definida como las probabilidades de un elector de decantarse por una preferencia distinta a la que tradicionalmente sostiene, o ha sostenido en la convocatoria electoral inmediatamente precedente, viene marcada por una multiplicidad de factores, entre los que destacan la coyuntura o contexto, y por ende la importancia relativa de las elecciones, y la determinación de optar por la primera preferencia o, al contrario, por el “voto útil”.  Según el avance de resultados del último barómetro del CIS, de enero de 2016, entre los votantes de IU existe la posibilidad de votar por otras formaciones (principalmente, Podemos, lo que también ocurre en el PSOE), en caso de repetirse las elecciones.

Recordemos que, en las pasadas elecciones, Podemos obtuvo algo más de 5 millones de votos, 2 de los cuales se atribuyen a las confluencias, que granjearon, también y paradójicamente, 3 diputados a Izquierda Unida, aquéllos que ahora reclama. Matemáticamente, las confluencias tienen un gran poder tanto en términos de votos como de escaños. Estas confluencias, caso de repetirse, podrían suponer un alivio para IU, quien eventualmente se vaciaría de votos en beneficio de la formación morada. De esta forma, los posibles votos escapistas se quedarían, de una u otra forma “en casa”. Toda posibilidad de confluencia habría de descartarse en caso de marcha unilateral de los diputados de En Marea y En Comú Podem al hipotético grupo de IU.

 

  • Argumento amparado en los efectos mecánicos del sistema electoral así como en los efectos psicológicos generados en el electorado.

En las pasadas elecciones IU no ha conseguido superar la barrera mecánica que impide transformar votos en escaños. Un votante más o menos avispado percibirá esto, y podría sentir que su voto no ha contado. Además, ese mismo votante, puede observar otra oferta similar a IU en Podemos… y puede llegar a la conclusión de que lo más útil de cara al futuro sería dar su apoyo a la nueva formación. Parece que esta será la tendencia general, por lo que en Izquierda Unida se enfrentan a una crisis identitaria que puede llevar al partido al olvido/desaparición, o quizá a la inclusión a medio plazo en Podemos; dicha posibilidad, que se deriva en de las sempiternas luchas intestinas (movimientos de regeneración del PC, salida del PC de la formación, en Andalucía) puede quedar descartada si las estructuras toman otro enfoque.

 

Como puede verse, son muchas las razones por las que resulta conveniente, para IU, el mantenimiento de unas buenas relaciones con Podemos, más allá de la siempre aclamada y deseada unión de la izquierda. Por ello, y aunque lógico en muchos aspectos, el económico incluido (no olvidemos que gracias a la constitución de grupo propio IU ingresaría dos millones de euros y evitaría aplicar un ERE), el reclamo de Cayo Lara ha sido quizás algo exagerado, amén de inoportuno. Pues, en el tempestuoso mar por el que navega IU, las buenas relaciones con Podemos ofrecen uno de los pocos maderos a los que asirse.

Venezuela: Una promesa de transición a la democracia

Publicado por: Daniel Flores Gaucin

Para entender lo que sucede en Venezuela, lo más elemental es estar consciente de que nos encontramos frente a una dictadura militar. Así, sin más.

Hace unos días un allegado mío hacía la reflexión de que los estudiantes de política eran en su mayoría de izquierda. En verdad tiene razón, la gran mayoría son simpatizantes de los ideales de izquierda, aunque no necesariamente simpatizantes de algún partido en particular (al menos no abiertamente). Esta situación sin embargo, no debería tener una mayor trascendencia si hablamos de Venezuela, pero lamentablemente la tiene. Lo común es que la opinión especializada sea condescendiente con los regímenes de izquierda, sobre todo si se trata de regímenes dictatoriales extranjeros como es el caso de Cuba y Venezuela. Algunos como Roger Senserrich hacen uso de una categorización ridícula y pusilánime con el objetivo de no señalar abiertamente a Venezuela como una dictadura militar, teniendo a bien la corrección de dotarla de un mote tan alegre como el de “democradura”. Otros simplemente se limitan a utilizar un argumento que por ser el más simplista de todos, les parece contundente: la celebración de elecciones. Entonces cabe hacerse la pregunta: ¿no es acaso más temible una dictadura que hace todo lo posible por no parecerlo que una que lo es abiertamente?

Hay quienes acusan la legitimidad de las elecciones venezolanas, arguyendo la presencia de personajes atendiendo a estas como observadores electorales independientes, como si más allá de su calidad moral (en el caso de Zapatero, ninguna), un solo individuo pudiera ser capaz de validar la legalidad del voto de 30 millones. Por otro lado, las misiones de observadores extranjeros o multinacionales en las elecciones venezolanas pueden dividirse en tres: aquellas cuya presencia fue vetada, como las de la ONU y las de la OEA; aquellas de organizaciones a modo del régimen como las de UNASUR o ALBA y finalmente, aquellas que habiendo participado han denunciado las irregularidades percibidas.

Si atendemos a teorías de legitimación democrática como la del constitucionalista alemán Bockenforde, Venezuela no sólo ha violentado la vía de legitimación democrática que tiene que ver con la celebración de elecciones, además la que se relaciona con el espacio público. El chavismo se ha hecho con el control de los medios de comunicación tradicionales, ya sea cerrándolos o sometiéndolos a sus dictados bajo amenazas de cierre. Ha reprimido con lujo de violencia las manifestaciones en las calles y de la misma forma ha facilitado la propagación de un sistema delincuencial que entre otras cosas tiene como práctica la amedrentación de aquellos ciudadanos con expresiones contrarias al régimen. Ninguna sociedad puede ser políticamente libre si se mantiene viviendo niveles de inseguridad críticos y a la salvaguarda de un gobierno que amenaza con un recrudecimiento de la violencia en caso de perder las elecciones. Ninguna sociedad es libre si se la orilla a la miseria, a vivir el desabasto de bienes básicos y a mantenerse a la espera de que estos lleguen y sean repartidos de la mano del gobierno.

La tercera vía de legitimación que corresponde a la conformación estructural del sistema político, por supuesto que también se encuentra violentada. Hasta antes de las elecciones parlamentarias del 2015, el régimen chavista controlaba los tres poderes del Estado (cinco en la Constitución vigente, impulsada por Chávez en 1999). La propia Constitución, promulgada por el régimen, aunque no es del todo deleznable, estipula algunos mecanismos que aseguran la preeminencia del poder ejecutivo sobre los otros, como lo es la figura de los “plenos poderes” . De hecho, la propia creación de dos nuevos poderes estatales de carácter popular acentúan esta situación. Si a todo esto le sumamos que el gobierno, tras renunciar a una tasa de cambio libre y al tener bajo su mando las operaciones de la paraestatal PDVSA, controla también la economía del país; la única razón por la que puede ponerse en duda el carácter dictatorial del gobierno venezolano consiste, lamentablemente, en que sus políticas son de izquierda.

Los pormenores de la situación política actual en este país sólo se conocen en lo más alto de las élites oficialistas. Pero me atrevo a expresar mi presunción de que la razón por la cual Maduro y los altos mandos militares que gobiernan con él, decidieron ceder el control del parlamento a la oposición, se debe a la búsqueda de un periodo de transición pacífico y sin sobresaltos, que sobretodo, garantice la permanencia de esta élite oficialista y de sus onerosos beneficios. La situación social y económica en Venezuela es insostenible, el régimen ha sido incapaz de lograr estabilidad y cada vez se vuelve más incapaz de prevenir el estallido del caos, o quizá, de una revolución. Ahora, la única salida en la que Cabello, Maduro y compañía, pudieran quedar bien parados es aquella que ellos mismos pacten. Lo que parece una derrota en realidad se trata de la más graciosa de las huidas: dejan tras de sí a un país empobrecido y miserable pero con los recursos naturales suficientes como para regresar, después de algunos años, al camino del desarrollo. Al ceder el control del gobierno a la oposición, no se verán en la necesidad de hacer el trabajo sucio a la hora de desmantelar la cúpulas intermedias de poder que el estatalismo del PSUV ha formado a lo largo del país y lo mejor de todo: se mantendrán como importantes actores políticos dentro de las instituciones del Estado, con altas posibilidades de retomar el poder en un momento dado. Lo más curioso es que esto no es nada raro, basta con consultar los libros de historia de cualquier país; pactar la sucesión de tu propio régimen, cuando la situación se vuelve insostenible, es el último capítulo en el manual del dictador.

La gran ruleta de la gobernabilidad

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

 

 

Publicaba hoy El País esta imagen, que ilustra las hipotéticas coaliciones de gobierno, y hasta qué punto éstas serian susceptibles del veto de otros partidos: los excluidos de dicha coalición.

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Muchas son las interpretaciones que pueden hacerse: para empezar, que el partido que más vetos recibe es el PSOE, especialmente en conjunción única con Ciudadanos, lo que sería rechazado tanto por Podemos como por el PP; en segundo lugar, que Ciudadanos no se opondría a ninguna forma de gobierno popular, ni de manera tajante el PSOE, salvo que este se alíe con IU y Podemos, dejando así a los de Albert Rivera fuera de juego; tercero, y más llamativo aún, que el PSOE no rechaza frontalmente la colaboración con Podemos, como puede verse en el gráfico, pues tan sólo rehuiría participar en un mal llamado “gobierno de concentración”, que incorporase a los de Rajoy y Rivera.

Es precisamente este el punto en el que me quiero detener, pues, a pesar de la tajante confrontación entre Pedro Sánchez y Susana Díaz; o entre Pedro Sánchez y sus barones, o de todos ellos y la anterior con la formación morada, el Partido Socialista no parece dispuesto a descartar la que hasta el momento parece ser su mejor baza: unirse a Podemos.

Es bien sabido el dicho aquel de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”; tan bien sabido como que el PSOE se desangra inexorablemente desde 2011, y desde 2014, un poquito más rápidamente, y un muchito en favor de Podemos.

Este fenómeno, de la volatilidad electoral,que consiste en el traspaso de votos desde una preferencia consolidada hacia otra, por parte de los ciudadanos, es un ingrediente natural de la democracia. Y sin embargo, en los últimos tiempos, azota al PSOE, quien con razón lo teme, pero lo atribuye casi en exclusiva al avance podemita antes que al retroceso propio. Es por ello que, aún cuando los de Pablo Iglesias son un enemigo natural del PSOE pues, compiten en un mismo espacio y por un mismo público, que el PSOE no debe olvidar afrontar otros dos tipos de enemigos: el enemigo interno (Sánchez parece dispuesto a presentar batalla, como ha demostrado este fin de semana,vinculando a las bases con la política de pactos) y el enemigo histórico. Pues, si son muchos los votantes socialistas que se sentirían disgustados en caso de forjar una investidura gracias a Iglesias, ( no son menos los simpatizantes de Podemos que se sentirían estafados por llegar a “acuerdos con la casta”, pues parece que la casta lo es más a nivel nacional que regional, donde abundan los “ayuntamientos del cambio”. No hay que irse muy lejos, sino a los propios compañeros electorales de Podemos, para encontrar tal posición), muchos más serían los que no podrían perdonar una gran alianza con el PP.

A todo esto, Podemos sigue actuando con celeridad y el PSOE no puede más que ir a rebufo de las propuestas de Iglesias, quien con ello diseña una estrategia de ventaja doble: presentarse como facilitador para la forja de un gobierno, y terminar con la situación de interinaje resultante del 20 D, sino que, caso de repetirse los comicios, eludiría toda contribución a este fenómeno con su hasta ahora voluntad conciliadora.

Rajoy, por el momento, sigue jugando a ser presidente en diferido y anuncia que volverá a rehusar presentarse a la investidura careciendo de los apoyos necesarios (sin especificar qué entiende por tales) y sin pasar el testigo a otro candidato popular, como bien podría hacer, imitando a Mas. Y entre tanto, y ante la falta de previsión en nuestros mecanismos constitucionales de una situación como esta, el rey parece dispuesto a mover ficha, recordando su papel como mediador y parece dispuesto a tomar cartas en el asunto. Sánchez, al respecto, asegura que hará “lo que el rey le pida”.Así las cosas, la mejor pregunta, quizás, que podamos hacernos, sea ¿a quien veta el rey?

 

Entretenimiento y Política, una nueva puerta giratoria.

 

Los medios de comunicación y la política, en especial la democracia, han estado unidos de la mano desde sus inicios. Son las dos caras de una misma moneda. En nuestro país los estudios sobre la vinculación de estos dos aspectos avanzan a gran velocidad pero se guían por patrones más tradicionales que en países como EEUU, donde se destinan grandes recursos y tiempo al análisis de estas relaciones.

Los fenómenos políticos a ambos lados del Atlántico son bien diversos pero dada la velocidad a la que ha avanzado nuestra democracia en los últimos años empiezan a repetirse ciertos patrones para cuyos estudios podemos usar las mismas herramientas. Un campo de reflexión y estudio que cada día recibe mayor atención entre los politólogos es la relación entre los políticos y los shows o el entretenimiento (Boydstym 2013).  Se entra en el debate de si estamos en un nuevo tipo de puerta giratoria en nuestra sociedad de consumo.

Este fenómeno vendría definido por el comportamiento de sujetos que vivieron del mundo del espectáculo o entrenamiento televisivo, teatral o cinematográfico y saltaron a la política. El conocimiento o reconocimiento público es una vía rápida a un ascenso político y la transición entre un mundo y otro suele suceder en periodos de tiempo muy corto. El ejemplo más relevante, y que se considera inicial en estos estudios es el del Presidente Reagan, que pasó del mundo de Hollywood a ser Gobernador del Estado de California para terminar ocupando el despacho oval. Pasos similares y que se desarrollaron en el mismo territorio fueron los del actor Arnold  Schwarzenegger  que pasó de protagonizar películas de acción a gobernar el Estado más rico de EEUU (D.M.West 2010).

Todo ello responde  a buscar en el  político  la figura de líder, el concepto de líder y de lo que él se busca es indudable que  varía en función de los procesos sociales y de la educación que los sujetos reciben. Una fuente educativa, donde vemos reflejados patrones deseados de comportamiento, es el cine y la televisión. Reagan o Schwarzenegger reflejaron en su momento dos patrones de liderazgo que a posteriori tuvieron buena acogida en la vida política.

Pero si la cultura política varía, la cultura del entretenimiento también, y por ende repercute en la política(I.Page, Y.Shapiro 1987). El fenómeno inconcluso que centra la atención de los académicos en este momento es el del candidato republicano para las primarias presidenciales Donald Trump. Antes de empezar su andadura política realizó una gira por diferentes televisiones convirtiéndose en un verdadero Showman. Este comportamiento le dio una visibilidad que ahora le permite encabezar las encuestas. En una sociedad de consumo como la nuestra donde las exigencias para conseguir reconocimiento social son muy elevados; un personaje que hacer reír a la vez que espeta comentarios salidos de tono es una propia tendencia. Una figura semejante en un país más próximo a nosotros es la de Beppe Grillo, reconocido cómico italiano que pasó de llenar teatros y subir audiencias a formar un movimiento (ahora ya partido) que juega un gran papel en la política italiana (Corbetta 2013).

Si nos centramos en la política española, donde si abre la boca un aficionado como yo la polémica está servida, vemos sujetos que responden a las mismas dinámicas. El caso más reconocible es el del líder de  Podemos, quien pasó de las tertulias políticas, un formato en alza en nuestro país por la espectacularidad de los debates, a la política de primer orden. Al mismo tiempo y como mencionamos anteriormente, este fenómeno presenta un efecto puerta giratoria constante. Ejemplos vividos en los últimos meses son líderes de la oposición viviendo aventuras televisivas, vicepresidentas del gobierno bailando en televisión etc. Personas que nunca visitaron programas de semejantes características se han convertido en personajes asiduos.

Llegados a este punto de esta breve presentación de ideas podemos concluir que en este periodo de nueva política, aunque realmente la política se renueva de manera constante, un el político, como sujeto,busca más que el lanzamiento de un mensaje ideológico, una visualización de sí mismo en pos de un reconocimiento público. El entretenimiento televisivo  como lanzadera política ha conseguido que la propia lanzadera se convierta en la plataforma donde se desenvuelva el juego político. Desde aquí no se pretende un enjuiciamiento, que sería a su vez complicado dado lo tierno del asunto, como intentar reflejar un patrón desde sus inicios y como se ha ido expandiendo, geográfica, temporal e institucionalmente; las futuras Cortes tienen muchas papeletas de darnos material para seguir este estudio. Para volver a la metáfora inicial de este escrito, la moneda de dos caras (medios de comunicación/entretenimiento y política) está girando a tal velocidad que en muchos casos es difícil de discernir qué cara corresponde a qué lado de la moneda.

 

Manuel Menéndez de Luarca

Student at University of California, Davis.

Bescansa's Babygate

Publicado por: Rocío Alarcón Rasero

Ayer, mientras me recorría Madrid por recados varios que no vienen al caso, escuchaba por la radio la sesión constitutiva de las Cortes Generales.

Entre votaciones y recuentos, apenas había de qué hablar. Salvo del bebé de Carolina Bescansa.

Es bien sabido que los bebés, en política, venden. Los Reyes, el Papa, Kennedy, y hasta Fidel han besado bebés en sus muchos paseos y viajes oficiales. Los bebés, al igual que las camisas blancas, los cuellos sin corbata y las mangas arremangadas no son, le pese a quien le pese, un invento político de nuestros días, sino una herencia del siglo pasado. Una práctica tan común que hasta el Parlamento Europeo ha asistido a votaciones con amamantamiento incluido.

Y, sin embargo, el bebé de Carolina Bescansa es la noticia del día, del de ayer y del de hoy. Más incluso que el reparto de vicepresidencias en el Congreso, donde una va para los recién llegados; más que la configuración de la Mesa del Senado, para los de siempre; más, casi, que la Presidencia de la Cámara Baja para Patxi López, quien probará mejor suerte lejos de Euskadi.

Las reacciones han sido, como cabría esperar, muy dispares. Desde quienes la acusan de querer atraer la atención sobre sí misma o sobre Pablo Iglesias con un truco barato, hasta quienes sostienen que es una denuncia de la imposibilidad para la mujer de conciliar su vida laboral y familiar, pasando por los que le critican que no utilice la guardería del Congreso, un servicio integrado para sus señorías, cuyo desuso por parte de Bescansa ha herido algunas sensibilidades.

Como siempre, cada postura es respetable y cada uno elegirá la suya, pero creo que todas ignoran algo que me parece básico, evidente. ¿Dónde está el padre del niño?

Del bebé de Carolina Bescansa sé una cosa: que es suyo. Ignoro, incluso, su sexo y su nombre. Y aunque pocos detalles más han trascendido de la vida privada de esta señora, a lo cual tiene todo el derecho y lo cual me parece por otra parte lo más acertado, sabemos que mantiene una relación estable y aparentemente exitosa y feliz con su pareja y que éste es su segundo retoño.

No quiero en absoluto cargar las tintas contra el padre del bebé, a quien presupongo cooperante en el cuidado y cría de su vástago, asumiento las labores que dentro de la pareja crean más adecuadas o justas, con las limitaciones de lo que, biológicamente, cada uno pueda aportar. Pero no puedo evitar pensar que la imagen de un bebé siempre en brazos o bajo la responsable vigilancia materna, es más vieja que nuestras Cortes, las que ya tuvimos allá por Castilla y Aragón, y tras la unificación de los respectivos.

Muchas son, las medidas, que se han tomado en los últimos años (más hasta 2011, y desde luego muchísimas más las que hacen falta) para avanzar en la conciliación de la vida laboral y familiar, como si fuésemos capaces de vivir dos vidas separadas, y en el trabajo, un sujeto cualquiera, dejara de ser progenitor para convertirse únicamente en contable, y recuperar hijos, pareja, amigos y hermanos sólo tras quitarse el traje y los zapatos de vestir. Y sin embargo, no sólo estamos lejos de alcanzar unos estándares en los que la mujer no tenga ya que elegir entre ser una profesional de relativo éxito o simplemente una trabajadora satisfecha con su papel de tal, y el de madre. Estamos lejos de implementar medidas similares para nuestros hombres. Porque se nos olvida que “alguien” ha puesto “la semillita”, y que los bebés no nacen por generación espontánea (ojalá, y no tendríamos que preocuparnos por los dolores del parto, las epidurales y las cicatrices de la cesárea). Nos olvidamos que un padre tiene los mismos derechos y obligaciones. En todos los terrenos. Y sin embargo, las guarderías se ponen a disposición de las mujeres en sus lugares de trabajo, el Congreso incluido. En el colegio, cuando el niño se porta mal, o está malito, llamamos a su madre. Llevarlo de compras o al pediatra puede motivar que una madre pida el día en su trabajo. Y, si el padre los acompaña, a veces, todavía hoy, he visto miradas de asombro, y he escuchado felicitaciones hacia el padre, y hacia la madre también, por la suerte que tiene con él.

Y este desigual reparto de responsabilidades no acaba en la cría de los hijos. Sigue en el mantenimiento del hogar. Pues, aún cuando la asunción de tareas fuese exactamente del 50% para cada cónyuge, sobre la mujer recae el peso de la coordinación, la gestión, y la organización. Pensad tan sólo en este simple ejemplo: de entre los esposos, padres y novios que conozcáis que vayan a la compra, ¿cuántos han preparado ellos mismos la lista?

Esto no hace sino dar continuidad a conductas patriarcales por parte tanto de la sociedad como de la familia, siendo que aquélla perpetúa el modelo de ésta, si bien en evolución, aún dispar en expectativas y obligaciones para unas y otros. La familia sigue siendo, pues, uno de los grandes pesos de la mujer. Peso que desde Engels a Carol Pateman, la sociología y la literatura política no han dejado de atribuirnos, con justa razón.

El hecho de que Carolina Bescansa lleve a su hijo al Congreso puede interpretarse de varias maneras, como ya he dicho. La que me parece más positiva es la que sigue: que Bescansa en particular, y Podemos en general, quisieran llamar la atención sobre dos puntos: que las mujeres españolas son mucho más que madres; y dos, que en ocasiones, ser madre es un trabajo tan a tiempo completo, que se cuela en tu “otro empleo”.  Salvo contadas excepciones, los patrones sociales siguen manteniendo un anclaje de la mujer al hogar y el ámbito privado altamente desigual, que nos perjudica del mismo modo a ambos sexos, pues ambos acceden de maneras distintas y limitadas a derechos que les corresponden no en razón del cromosoma X o Y, sino en virtud a la dignidad de su persona y al derecho a realizarse en todas y cada una de las esferas de su vida.

Y es por ello que no deberíamos llevarnos las manos a la cabeza por las opciones, o no, que de conciliación laboral tienen las mujeres. Sino por el hecho de que no nos planteemos, seriamente, y en conjunto, como la sociedad que somos, que muy probablemente, ni el marido de Bescansa, ni el propio Pablo Iglesias, habrían hecho, o podido hacer, lo mismo.

Cataluña… un mar de incógnitas

Publicado por: Analista Informado

La situación en Cataluña ha dado un vuelco en los últimos días. Mas se ha apartado contra pronóstico para facilitar el “procés”, un “procés” que avoca al conflicto y la separación saltándose la legalidad vigente y he aquí el problema: “legitimidad”. Un independentista argumentaría que su legitimidad radica en el Parlament de Catalunya, que las fuerzas independentistas tienen mayoría absoluta de escaños. Aquí se hace necesario introducir otro concepto: “mayoría absoluta cualificada”, eso es lo que haría falta para que fuese viable la independencia; necesitarían consenso, algo que realmente no tienen. Ahora mismo Cataluña está en una situación de polarización ideológica elevada.

¿A qué están jugando las fuerzas de la independencia? Tienen todo el derecho democrático para buscar la independencia —faltaría más—, pero parece que carecen de la racionalidad suficiente como para llegar a atisbar que este no es el momento ni el lugar y tampoco son las formas; la unilateralidad, incluso en el caso en el que fuera posible consolidar una independencia, llevaría al aislamiento.

Un Estado se caracteriza entre otras cosas por tener el monopolio de la coacción legítima, pues bien… ¿qué ocurre cuando en un territorio dividido al 50% (en términos poblacionales), con respecto a una cuestión clave, una de las partes decide actuar unilateralmente saltándose los límites legales y tratando de imponer una nueva legalidad? Sí, han leído bien, imponer una nueva legalidad en contra de la voluntad de al menos un 39,17%[1] de los ciudadanos con derecho a voto en Cataluña, eso es lo que está ocurriendo. Un ciudadano Catalán ante dicha situación puede decidir “unilateralmente” que no reconoce la legitimidad del nuevo Gobierno de la Comunidad Autónoma/República Catalana. Otra posibilidad es que ciertos municipios y ciudades decidan que la independencia no va con ellos y que unilateralmente decidan que no acatarán ninguna medida llegada desde el Parlament de Catalunya. ¿Qué hará entonces el señor Puigdemont? ¿Quizá trasladar la capital de Catalunya a Girona?

¿En qué situación dejan al Gobierno que deba ser investido en España? ¿En qué situación dejan al Gobierno en funciones? ¿Se dan cuenta de que tal y como están estructurados los mecanismos y la legalidad, la opción a la que están avocando todo es al conflicto? Fríamente, supongamos que somos independentistas —tenemos ese sentimiento y es lícito—, pero también somos personas lógicas, intelectuales y estrategas… ¿elegiríamos este momento y estas formas para imponer la independencia unilateralmente? No, no hay masa crítica suficiente. No hay capacidad de consolidación. Apenas hay consenso entre las fuerzas independentistas (una amalgama de faccionalismos), y no tendrán el apoyo del resto de fuerzas. ¿Debate enconado? Tampoco se trata de debates, porque las facciones independentistas han decidido tomar la vía que ellos consideran “fácil”; no habrá debate, no se intentará convencer, se buscará una intentona de “independencia” en minúsculas que será ensalzada como un momento histórico y un proceso de “independencia” en mayúsculas. El siguiente paso será el victimismo, cuando el Estado Central tenga que intervenir la autonomía. ¿Y después? ¿En qué pensaban? Una huída hacia adelante, un mar de incógnitas y poca voluntad de llegar a un punto de entendimiento.

[1] Suma porcentual de PSOE, Ciudadanos y PP que se han declarado absolutamente en contra de la independencia. A ello habría que sumar un 8,94% de ciudadanos que votaron al equivalente a Podemos en Cataluña.

Una (inútil) aproximación al concepto de sabiduría

Publicado por: Javier Canales

No pocos hombres a lo largo de la Historia han consagrado sus vidas a un fin tan elevado como la búsqueda de la sabiduría. Identificar la felicidad con la sabiduría es una idea casi tan antigua como la opuesta, es decir, identificar la felicidad con la ignorancia o el completo desinterés por todo aquello que, por su complejidad o su gravedad, pueda perturbar el cándido espíritu de los hombres sencillos. Por manido y por irresuelto, no tiene sentido romper aquí una lanza por una u otra postura de este debate que se remonta a los tiempos de los filósofos de la Grecia clásica. Por suerte, es precisamente gracias a otra idea nacida de la filosofía ­―la libertad como producto de la autonomía de la voluntad kantiana― que decidir un camino u otro, o un poquito de cada uno según qué, es una decisión que pertenece exclusivamente a cada uno de nosotros y no a la sociedad en su conjunto: cada individuo es libre de disponer de su vida como le venga en gana (siempre que, claro está, sus decisiones no queden fuera de los limites que garantizan la vida en sociedad).

Aún siendo cierto todo esto, antes de que cada uno decida formarse su opinión, conviene hacer algunas observaciones sobre lo que nuestras sociedades han entendido por ignorancia y sabiduría.

Para explicarme de forma clara, permítanme hacer un ejercicio de abstracción, en el cual la condición del ignorante y la del sabio son, respectivamente, el extremo mínimo y máximo de en una escala que mide el conocimiento en función de la edad de la persona. El crecimiento del hombre está directamente relacionado con su desarrollo intelectual, que,  grosso modo y, a efectos del gráfico, se corresponde con un progresivo aumento de sus conocimientos, acercándose cada vez más a lo que hemos denominado sabiduría. De forma intuitiva, podemos decir que todo hombre en el momento de su nacimiento se encuentra en los puntos más bajos del eje vertical. Si admitimos que todos nacemos con una serie de conocimientos primarios, instintivos, trasmitidos genéticamente de generación en generación, entonces podemos considerar que la ignorancia perfecta no existe.

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Sin embargo, mientras que la mayoría de nosotros tenemos una idea más o menos parecida de lo que hace que una persona sea considerada ignorante, identificar entre la sociedad al grupo de sabios a los que Platón encomendó el gobierno de las polis es una tarea mucho más controvertida, ya que para llevar a cabo esa distinción, previamente habremos tenido que dar una definición a la sabiduría. Y esto, lamentablemente, es imposible.

Entre las diferentes acepciones que se recogen en el Diccionario de la Real Academia, la sabiduría se define como el grado más alto del conocimiento y también como el conocimiento profundo en ciencias, letras o artes. La primera acepción destaca por su prudencia y la vaguedad de los términos, a tal extremo que casi puede considerarse tautológico, pues si el conocimiento es concebido como un todo abstracto y unitario, su saber o aprehensión no puede ser susceptible de graduación. La segunda acepción se corresponde con una definición más restrictiva, que engloba únicamente el conocimiento profundo de las ciencias, las letras o las artes, quedando fuera de la definición el resto de ramas del conocimiento. Pervive, no obstante, la indeterminación del término “profundo”, que condena a los lodos del fracaso cualquier tentativa de objetivación de la definición.

Estas insuficiencias teóricas no deberían sorprendernos. Incluso si se diera el hipotético caso de que un solo hombre pudiera acumular en una vida el conocimiento de toda la humanidad hasta ese momento, ni siquiera entonces estaríamos en disposición de poder confirmar la sabiduría de dicho hombre, pues seguiría quedando fuera de su dominio todo lo cognoscible que está aún por descubrir. ¿Cómo podría ser Sócrates, a nuestros ojos, uno de los mayores sabios de la Historia, si ni siquiera sabía ―ni podía saber― algo tan básico como que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al contrario? ¿Cómo podría llamarse sabio a alguien que ni en sus sueños podía imaginar que la tierra era redonda, que el mundo continuaba mucho más allá de las Columnas de Hércules?

Estas incongruencias deberían servir para borrar de forma retroactiva a aquellos hombres y mujeres a los que la Historia ha dedicado un lugar en el Walk of Wisdom, el Paseo de la Sabiduría de la Humanidad. Y no sólo eso, sino que, por la propia definición de sabiduría, nadie, salvo Dios, estaría en el derecho de llamarse sabio. A efectos de nuestro gráfico, la sabiduría se encontraría en un punto indeterminado en la parte más alta de la tabla, un punto que, al estar condicionado por el límite finito de la edad, sería rayano al infinito, haciendo imposible llegar a una definición objetiva y, por tanto, susceptible de medición, de la sabiduría.

 

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Es curioso que, a pesar de todo lo dicho, la sociedad lleva siglos atribuyendo roles a los individuos que la integran en función de la sabiduría de cada uno. Posiblemente, las sociedades actuales sean el ejemplo más claro de ello: la posición social y la renta de los individuos están directamente relacionadas con el nivel de estudios de las personas. Dicho en otras palabras: la meritocracia es un mecanismo por el cual se objetiviza y se mide el saber, pudiéndose de esta forma identificar al grupo de sabios que deben ocupar la cúspide de nuestras sociedades.

La contradicción con la definición que hemos dado de sabiduría es evidente. Algunas conclusiones que podemos extraer de este hecho son estas:

­―La sabiduría sólo se puede medir en términos relativos. Igual de sabio (o ignorante) es un catedrático de Filosofía que el alumno al que da clase, pues ambos están tan sumamente alejados del conocimiento absoluto de la Filosofía que la diferencia real entre ellos dos es minoritaria. La sabiduría queda reducida a una mera cuestión de perspectiva. Para simplificar las cosas: el alumno podrá considerar un experto al catedrático porque éste se ha leído cien libro sobre la materia y el alumno sólo diez, pero el alumno supiera que se han escrito más de un millón de libros, ensayos y comentarios sobre dicha materia, la excelencia de catedrático podría quedar reducida a un humilde premio de consolación.

El saber no es un término neutral, sino que está condicionado por la política. Pasar de la definición abstracta de sabiduría (recordemos: el grado más alto del conocimiento) a una definición objetiva, supone dar un contenido y una valoración concreta a lo que entendemos por conocimiento. Los intereses políticos juegan un papel fundamental en este proceso, no sólo en los sistemas educativos ­­­­―donde, además, debido a los límites temporales y presupuestarios, el deber de dar preferencia a unas asignaturas sobre otras es fundamental―, sino también a la hora de configurar los valores predominantes de una sociedad. El declive de las humanidades frente a las ciencias no es una casualidad, sino el resultado del éxito de una forma particular de ver el mundo. Estaríamos ante una definición de sabiduría más restrictiva, cada vez más próxima a la segunda acepción de Real Academia (conocimiento profundo en ciencias, letras o artes).

La sabiduría sólo puede ser un ideal, no un estadio cognitivo alcanzable. Todo el volumen de conocimiento que seamos capaces de absorber está limitado por la brevedad de la vida. Incluso el gráfico podría explicar una evolución que no se corresponde con la realidad, pues llega un momento de la vida  ­­­―la vejez― en la que más que adquirir conocimientos, se empiezan a perder, a causa del deterioro de cuerpo y la mente. Estaríamos, por tanto, ante una curva con forma de U invertida. La imposibilidad de abarcar toda la sabiduría ha hecho que algunas sociedades, entendidas como suma agregada de individuos, hayan buscado formas alternativas de obtener un volumen mayor de conocimiento, optimizando así el potencial cognitivo de cada individuo. Frente romántico propósito de aquellos que dicen preferir la la cultura general (en su forma corrupta, la todología), en la especialización parece estar el presente y el futuro de nuestras sociedades.

El autor

Daniel Flores Gaucin

Daniel Flores Gaucin

Daniel Flores Gaucin es colaborador en .dencuentro

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Rajoy y Sánchez miden sus fuerzas en Galicia y Euskadi ante el bloqueo de la investidura

Publicado por: eldiario.es

Este domingo votan Galicia y Euskadi. En Galicia se dirime si el candidato del PP, Alberto Núñez Feijóo revalida la mayoría absoluta para mantenerse al frente de la Xunta, o lo consigue con el concurso de Ciudadanos. También queda la incógnita de si el candidato socialista, afín a Pedro Sánchez, Xoaquín Fernández Leiceaga, queda o no por detrás de Luís Villares, de En Marea, que aspira a ser segundo.

contacto@eldiario.es (Andrés Gil)

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